5 AFRO descendientes chilenas

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Ventanal, edición marzo-abril 2019.

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Sí, en el Chile del siglo XXI hay afrodescendientes. Llegaron traídos por los españoles en calidad de esclavos para el trabajo en las minas de Potosí, Bolivia durante la Colonia. Unos pocos se asentaron en Arica y en los Valles de Lluta y Azapa. Desde el 16/4/2019 –por medio de la Ley 21.151– son reconocidos por el Estado de Chile como pueblo tribal. Aquí 5 mujeres claves en este largo y mancomunado camino de visibilización de su historia y sus derechos.

“Oro Negro” se llama la primera organización de afrodescendientes de Arica. Fundada en 1999, se acercaron a la Universidad de Tarapacá para que fuera la investigación académica la que diera contenido a sus demandas. Hoy la conduce MARTA SALGADO, hermana de la ex alcaldesa de Camarones, que también fue dirigente de esta Organización No Gubernamental.

Su tesis de grado –que la convertirá en profesora de historia y será publicada– trata sobre la vida de las mujeres esclavas en la Colonia. “Yo era negra. En el colegio me hacían bullying, pero no había ningún cuestionamiento al respecto”. Solo cuando en 2000 llegó a vivir Arica (nació en Santiago y no conoció a su padre) a CAROLINA CORTÉS se le revelaron sus orígenes.

Su abuela le contaba que –con tal de no parecer negra– se blanqueaba la cara con polvos y se estiraba el pelo con jugo de limón o con hoja de tuna. “El blanqueamiento era como un lavado de cerebro”, afirma DOLLY CIÑA, la misma que hoy lidera la Agrupación “Hijas de Azapa”. ¿Su meta? Empoderar a las afrodescendientes rurales chilenas.

CAMILA RIVERA es abogada. Hoy trabaja en el Gobierno Regional y lidera la organización de mujeres afrodescendientes “Luanda”. Afirma –con toda propiedad– que “esta Ley reconoce que en Chile hay un pueblo vivo, que fue objeto de una trata transatlántica de violencia y que resistió. Me siento orgullosa de mis raíces”.

Solo en la adultez se reconoció como afro. Hoy es la encargada de la Oficina Afro de la Municipalidad de Arica. MILENE MOLINA confiesa que la música es una gran herramienta de la instalación cultural de la causa. “Si queremos reflejar una buena cifra en el próximo Censo, tenemos que sensibilizar a nivel nacional a los nuestros que no tienen idea que lo son”.