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Reconocido con el Premio CIUDAD VALPARAÍSO Fundación Futuro 2008, este “lugar sagrado” se nos va. ¿Qué hacemos? ¿Acaso no somos todos un poco responsable del Patrimonio?

En 1916, a dos años de la inauguración del canal de Panamá y a diez del terremoto (ambos grandes remezones para la vida del Puerto mayor del territorio) fue fundado el BAR INGLÉS. ¿Quiénes lo frecuentaban? Los muchos marinos que pululaban por la ciudad más cosmopolita de Chile de ese entonces, los porteños bohemios y unos cuantos intelectuales frondosos que ocupaban la vieja barra para hablar de los desafíos del país post Primera Guerra Mundial.

Desde los ‘60 del siglo XX se ubicó en Cochrane 851, edificio que contaba con una gracia adicional para un recinto como bar: dos puertas de acceso que daban a dos importantes calles del Plan de Valparaíso. En este último medio siglo sus  “usuarios” se diversificaron: más turistas, mujeres, empresarios y jóvenes también gozaban y hacían suyo  el bar que todavía olía a las “viejas glorias” del Valparaíso. Pero los tiempos cambian. Y las cuentas suben y los sueldos y las cotizaciones se deben pagar y… ¡quebró el Bar Inglés!

En síntesis, la globalización (buena en muchos aspectos) atentó con otro patrimonio local. Pero,  ¿y si hubiera una ciudadanía más responsable y amante de lo suyo que pudiera organizarse y evitar esta irremediable pérdida de sentido de la vida?  ¿Aceptaremos de brazos cruzados que en el sitio del centenario Bar Inglés de Valparaíso se instale una farmacia más? A propósito, ¿qué se le ocurre se podría hacer?

Cristián Warnken en una reciente carta a El Mercurio (20/2/2017) afirma “….Cuando uno entraba en él tenía la sensación de que  había una puerta de escape a la agobiante cotidianidad hacia otro mundo donde se podía cultivar la religión de la amistad. ¿No se podrán reabrir las puertas del bar Inglés para que el viento del mar cruce otra vez su largo pasillo, haciéndonos sentir que navegamos por el Plan hacia puertos nunca vistos?”. 

 

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